jueves, 22 de abril de 2010

Que llueva, que llueva...

En Caracas también hacían falta unas lluviecitas para calmar el calor, la quemazón del Ávila y que los buhoneros vendieran paraguas en la salida del Metro. Así que, dentro de todo, menos mal que está lloviendo por acá también.

Pero esta situación está fuera de control. Todos aquellos que utilizan muy a menudo sus dos piernas como medio de transporte por excelencia entenderán que la operación matemática más empapante es:

Lluvia + Viento + Alcantarillas tapadas que forman lagunas en las calles + Carros que pasan a toda velocidad sobre los charcos

Me trae recuerdos de la canción esa que todos cantábamos cuando niños:

Que llueva, que llueva,
la Virgen de la Cueva,
los pajaritos cantan,
las nubes se levantan,
¡Que si, que no,que caiga un chaparrón!

Que siga lloviendo,
los pájaros corriendo,
florezca la pradera
al sol de Primavera.
¡Que si, que no!¡Que caiga un chaparrón!
¡Que no me moje yo!

No se sorprendan si la segunda estrofa ni les suena, aparentemente la única que se hizo famosa fue la primera. Además, jamás he oído a un padre que le cante a su hijo la cancioncita completa, así que supongo que la original es la primera estrofa, la segunda debe ser producto de un remix infantil, o algo por el estilo.

Buscando consuelo en eso de las predicciones del clima, para ver si hoy movía mi humanidad de casa para ir al toque de Voto Joven (muy bueno eso de que incentiven a la gente para que vote, por cierto), encuentro esto:


Alentador. Pero como me venció el fastidio yo no creo en esas predicciones salí y por cosas de la vida no cayó ni una gota, mucho menos indicios de tormentas.

Como según los señores meteorólogos seguirá lloviendo hasta nuevo aviso a todos nos tocará comprar un paraguas, que al final más vale ni utilizarlo porque con esta lluvia con viento huracanado quedará de pararrayos.

Recomendación: Compren un impermeable. O si andan "pata en el suelo" ábranle 3 huecos a una bolsa negra de basura. Horrible, pero efectivo. Y unas botas esas de plástico no vendrían mal.

Por los momentos ensayaré lo que cantaba mi abuela cada vez que veía que se le hacía tarde y la lluvia no paraba:

San Isidro, labrador, quita el agua y pon el sol (Bis, hasta que haga efecto)