viernes, 26 de marzo de 2010

Un tobo de agua y el Ávila en llamas una vela

Como si el calor infernal, la falta de agua y la inexistencia de la electricidad en Venezuela no fueran suficientes motivos para caer en una depresión ahora el Ávila se quema, dejando una espesa neblina caliente y grisacea por toda la ciudad.

Perfecto sería, si los niveles de delicuencia no fueran como son, salir por ahí disfrazado asustando gente. Es imposible no pensar en "Scooby Doo", "¿Le temes a la oscuridad?" o "Escalofríos" cada vez que uno se asoma por la ventana y no ve absolutamente nada más allá de la cuadra que ocupa edificio del frente.

Y aquellos que vivimos medianamente cerca del Ávila, o no, podemos ver y oír todos los días a los helicópteros que van a lanzarle agua al achicharrado cerro. Si uno antes se emocionaba y empezaba a hacerle señales a los helicópteros por complejo de naufragos pues ahora nos tocara emocionarnos cuando veamos que el helicóptero va sin el gran depósito anaranjado.

De vuelta a la época colonial, esperaremos al silbón sentados con la luz que nos provee el Ávila una velita después de habernos bañado con un tobo de agua helada o calentada a leña (supongo que tarde o temprano el gas también escapará de nuestro alcance).

Al menos será una buena medida de ahorro energético.

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